http://caricaturistamemo.blogspot.com/

miércoles, 9 de marzo de 2016

LA EVANESCENTE FELICIDAD

Foto: Santiago PerezGrovas

Por Héctor Cortés Mandujano

Me encontré este texto en una de mis exploraciones por los mil laberintos en los que tenía convertido los archivos de mi computadora (según yo ya medio los ordené).
Hace quién sabe cuánto, en uno de los muchos talleres que doy, con el grupo de ese tiempo jugamos a construir verso tras verso un soneto colectivo que abarcara de los ojos a los pechos de una mujer. Fue divertido porque no hubo uno solo, una sola que no cooperara con una palabra, un verso, un ajuste de sílabas. Con la métrica y la rima propios del género, este fue nuestro resultado

Tu rostro, tu cuerpo
(Soneto colectivo)

Fragmentos son de color, veloces,
cristal primigenio, espiral de arena,
filtro de pureza, suspiro, escena
del rostro señal, de olores goces.

Casa del beso, génesis de voces
brillantes perlas, luz de luna llena
óvalo cabal de mujer serena
territorio frecuente de mis roces.

Esferas inconclusas, esperanzas,
deseo del amor insatisfecho,
camino de mi mano en sus andanzas,

no se escape tu cuerpo de mi acecho
ni victima sea yo de tus mudanzas
y respire el perfume de tu pecho

***

Leo el eBook brevísimo (publicado unitariamente) Biografía de Tadeo Isidoro Cruz, de Jorge Luis Borges, cuyo tema (un hombre descubre que es otro) ya ha emprendido en varias narraciones. Dos ideas me encantan. La primera se refiere al pasado; en la historia Tadeo, como todos, no sabe lo que pasará en su futuro: “En aquel tiempo debió considerarse feliz, aunque profundamente no lo era”. Es decir, la idea es de Sófocles, nadie diga que ha sido feliz, sino hasta el momento de su muerte.
Y ésta, que resume la historia: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es”.


Visita mi blog: hectorcortesm.com



martes, 23 de febrero de 2016

TODO EN NOSOTROS


Por Héctor Cortés Mandujano

La escritura crea fantasía, imaginación, mentira…
Gep, en La gran belleza

La gran belleza (2013), dirigida por Paolo Sorrentino, es una cinta italiana, ubicada en la gran belleza de Roma. Inteligente, un poco loca, amena, profunda. Ganó merecidamente, además de otros premios, el Oscar a mejor película extranjera.
Una larga fila de mujeres frente a una larga fila de hombres. Bailan frenéticos una pieza muy movida, que dice más o menos así. “¿Dónde les gusta a las mujeres? Ahí, ahí” Se tocan ellas la entrepierna. “¿Y qué hacen los hombres? Así, así”. Y ellos empujan la cadera. Luego, contestando de nuevo la pregunta, se tocan los pechos ellas y ellos mueven las manos como si giraran el picaporte redondo de una puerta. La música se ralentiza y vemos en medio de la fila a un hombre mayor: Gep Gambardella. Se hace el silencio y escuchamos su pensamiento. Dice que cuando niño él fue el único que pensó otra cosa cuando preguntaron “¿Qué es lo que más te gusta de la vida?” y los demás sin excepción contestaron “El coño”. Por eso supo que sería escritor.
            Hay frases magníficas, que cito de memoria: “Las mejores personas en Roma son los turistas”. Gep, el escritor dice a una mujer: “Flaubert siempre quiso escribir una novela sobre la nada. Si te hubiera conocido hubiera hecho un gran libro”, ella le dice “Eres un misógino”, y él contesta “No, soy un misántropo”; luego dice a otra: “¿Tú a qué te dedicas?”; le contesta: “¿Yo? Soy rica”; él dice: “Qué buen trabajo”.

***

Dos imágenes me gustaron del libro de poemas La canción del desterrado (Coneculta-Chiapas, 2004), de Ignacio Ruiz. La primera corresponde a “La cacería es un arte mayor” y habla del  (p. 50) “arte de degollar la perdiz con una navaja” para, aquí la línea, “extraer de sus ojos la última imagen”. La segunda es un verso de “Paisaje interior” (p. 73): “En mis manos el tiempo era una invención de la tarde”.

***

En La fuerza de lo invisible (Editorial Reconocerse, 2014), Jean-Pierre y Lucile Garnier Malet, sus autores, hacen decir a un personaje (p. 52): “Los hombres ya no saben el porqué de sus vidas en la tierra. Buscan un Dios todo poderoso sin pensar que lo tienen todo en ellos”.
Visita mi blog: hectorcortesm.com


lunes, 15 de febrero de 2016

EL DOLOR DE SER JOVEN



Por Héctor Cortés Mandujano

En cada elección hay siempre un reverso,
es decir, una renuncia,
y así no hay diferencia entre el acto de escoger
y el acto de renunciar

Ítalo Calvino,
en El castillo de los destinos cruzados

Me gustó mucho la película Las ventajas de ser invisible (The Perks of Being a Wallflower, 2012), basada en la novela homónima de Stephen Chbosky, quien también hizo y dirigió la adaptación. Lo superficial y lo profundo, la alegría desaforada y la tristeza inconmensurable de esta edad me parecen atractivas para el cine y la literatura; pese a eso, yo no he podido escribir una sola línea acerca de mi propia experiencia, porque la desazón de esa etapa no la quiero cargar durante el tiempo que  me tardaría en escribirla.
Allí uno se enamora por primera vez, y es hermoso y terrible (como dice Shakespeare), porque la mujer primera se queda por siempre viviendo en nuestros corazones, aún “cuando ya el calendario nos anestesia la vida con frustraciones y horarios, con ambiciones suicidas”, como dice una canción de Alberto Cortez, a propósito del tema.
En la adolescencia hay los callados y extraños, apartados de la manada (de eso se trata la película y así fui), que a veces no son comprendidos con claridad, porque no suelen explicarse o no dan las explicaciones convencionales, no dicen lo que los demás quieren oír.

***

Un señor me cuenta que, luego de ciertos desastres de salud, perdió movilidad (“ahora ya camina lento”, como dice la popular canción de Piero) y se expresa con cierta dificultad en el habla.
            —Por eso, me dice, mi familia piensa que debe tomar mis decisiones, y lo quieren hacer incluso estando yo presente. Me enoja mucho eso. Para ellos ya estoy listo.
            —¿Listo, qué quiere decir?
            —Listo, acabado, muerto.
***

Es una gran película La jaula de oro (escrita y dirigida por Diego Quemada-Díez, 2013); es de las que, de veras, no hay que perderse. En una de las brevísimas escenas, un grupo de niños pobres juegan a las patadas con una pelota justo en la palpable frontera –la construcción, la barda, el muro– entre México y Estados Unidos de América. La pelota cruza y unos niños se suben, la traen de los Gabachos y la avientan de nuevo al territorio nacional. Siguen jugando.

Visita mi blog: hectorcortesm.com


martes, 2 de febrero de 2016

EL ARQUETIPO ETERNO




Por Héctor Cortés Mandujano

Leí feliz los Ensayos sobre fotografía y arquitectura (Editorial Diamantina, 2011), de Lorenzo Rocha; aunque en formato de libro es un número monográfico de la revista Espacios, que sobre arte contemporáneo dirige este arquitecto ensayista.
            Una parte del libro está enfocado al trabajo arquitectónico del célebre Luis Barragán (1902-1988) y a tres fotógrafos (Armando Salas Portugal, Luisa Lambri e Hiroshi Sugimoto) quienes desde perspectivas distintas han hecho imágenes sobre las construcciones de este arquitecto mexicano, Barragán, nacido en Guadalajara. Lorenzo Rocha es cuidadoso en el abordaje de sus temas y explica lo necesario para que cualquier lego, como yo, entienda claramente sus planteamientos. De uno de sus ensayos tomo esta cita de un poema persa del siglo XIII, escrito por Jalal-al Din Muhammad Rumi (p. 75):

Cada una de las formas que ves tiene un arquetipo supremo en el más allá;
si la forma desaparece, no temas, pues su raíz es eterna.
Cada imagen que ves, cada discurso que escuchas,
no te entristezcas cuando haya desaparecido, pues no es así.
Porque eterna es su fuente, su caudal correrá para siempre
y como ninguno de ambos cesará, es inútil lamentarse.

***

Como suele suceder con las distopías futuristas (1984, de Orwell y Fahrenheit 451, de Bradbury, por mencionar las más famosas) en una sociedad donde está prohibido sentir se matan a los rebeldes y se destruye aquello que los hace sensibles: los libros, las pinturas, el arte. Pero el héroe que trabaja en la destrucción también empieza a sentir. Así ocurre en Equilibrium (2002), cinta escrita y dirigida por Kurt Wimmer, que lleva en el rol estelar al siempre solvente Christian Bale.
            El personaje que interpreta Bale, por su acción de matar y destruir, está en contacto con el peligro (el arte, los libros, las pinturas) y un día empieza a cambiar por escuchar de los labios de un traidor el fragmento de un poema de Yeats. La peli es entretenida, pero llena de lugares comunes. El poema es hermoso y está traducido al español como “Él desea las telas del cielo” (http://www.dim.uchile.cl/~anmoreir/escritos/yeats.html). Las tres últimas líneas son el fragmento trasformador:

Si tuviese yo las telas bordadas del cielo,
Recamadas con luz dorada y plateada,
Las telas azules y las tenues y las oscuras
De la noche y la luz y la media luz
Extendería las telas bajo tus pies:
Pero, siendo pobre, sólo tengo mis sueños;
He extendido mis sueños bajo tus pies;
Pisa suavemente, pues pisas mis sueños.


Visita mi blog: hectorcortesm.com


lunes, 25 de enero de 2016

SAPOS INVISIBLES


Por Héctor Cortés Mandujano

En tiempo de lluvias, en mi casa, amaneceres y ocasos están llenos de gorjeos de pájaros (lo aclaro, porque según el diccionario también los seres humanos gorjeamos), cantos de sapos y, por supuesto, como dice Machado, “el coro de los grillos que cantan a la luna”. La vida se renueva, reverdece, y aprovechamos mi mujer, mi nieto y yo para sembrar nuevas plantas. Los tres hacemos un jardín y cuando voy hasta la cubeta que, dejada a la intemperie, recogió agua suficiente para regar algunas plantas, veo un sapo que, plácido, tiene las patas abiertas y, parece, un sueño pesado.
            Se lo enseño a Jacobo, mi nieto de tres años, y él me pide sacarlo. Lo hace con cuidado, con sus manos enguantadas; luego, me explica doctoralmente, con la imaginación que día a día se le desata en historias fantásticas:
            —Hay sapos que alumban (alumbran) en la oscudidad, como mis tenis, y hay otos que bincan hasta las nubes, peo no se ven.

***

Vemos con mi mujer el documental China salvaje (2008), que tiene seis espléndidos capítulos. En el segundo (“Sangri-La”) nos enteramos que los bambúes pueden llegar a crecer ¡un metro diario!, y que para los chinos los retoños tiernos son comestibles. Basta con asarlos.
            La lluvia nos da la oportunidad de comprobarlo en nuestro patio. Tenemos ya, allí, algo que llamamos muy exageradamente “el bosque de bambú”. Compramos hace mucho una plantita y cada año las altas varas invaden espacios, se multiplican, avanzan, caminan. Han salido, de ayer para hoy, varias puntas de la tierra. Cortamos tres (lo hace Jacobo), para probarlos. Los asamos. Saben bien.
            Un día después, lo que era apenas una punta saliendo de la tierra es ya una alta vara. Impresionante.

***

Vamos con mi mujer al mar, al Centro Ecológico El Madresal. Nos quedamos a dormir. Al día siguiente, muy tempranito, salimos a caminar por la playa. Nos llama la atención un perro que, pese a que las olas están bastante altas (hay bandera roja), se mete al agua, intenta nadar, se da cuenta del peligro, sale.
            —¿Comen peces los perros?
            —No, menos si están crudos (los peces, no los perros).
            No sentamos a ver las figuras de azar que nos regalan las olas, las nubes. “La vida más intensa se halla contada en síntesis por el más elemental de los sonidos, el de las olas del mar”, dice Ítalo Svevo en La conciencia de Zeno (Longseller, S. A., 2005: 87).  El perro ha salido del agua y cerca de nosotros se sienta y ve hacia el horizonte marino durante largo tiempo. Hamlet perruno. ¿Viajó en barco y lo dejaron abandonado aquí? ¿Su amo era pescador y no ha vuelto? ¿Las sirenas tienen perras y se enamoró de alguna?

Visita mi blog: hectorcortesm.com


jueves, 7 de enero de 2016

QUE NO, QUE SÍ



Por Héctor Cortés Mandujano

En abril-mayo del año pasado decidí, por razones difíciles de explicar en una frase, no publicar ningún libro más, no hacer ninguna colaboración en ningún lado, no dar ningún curso; tomé la decisión, incluso, de no volver a escribir. Punto. Y me sentí liberado, feliz (no es que escribir me oprima ni me haga infeliz, claro; la felicidad siempre, perdóname Rimbaud, se me ha sentado en las piernas). No seré más escritor, decidí, me saldré de ese circo de vanidades. La única que conoció y aplaudió esta decisión fue mi mujer.
Ya se sabe: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Sin saber sobre mi decisión, mi amiga Damaris Disner me había pedido publicar un libro de teatro y mis amigos de La Puerta Abierta quedaron en montar una obra sugerida, dije que sí, pero pensé que la idea se volvería nada, como muchas; mi compadre Raúl Ortega me pidió cuatro textos (uno para el libro electrónico 43+1) que pensé en mi interior serían los últimos. Ya había escrito mi última Casa de citas (“Adiós”, se llamaba, qué creativo), donde más o menos explicaba el asunto, pero como voy tan adelantado en la escritura aquélla sería ésta, la 234, la del final del ciclo.
En fin. Se publicó y se montó mi obra “Azar” (y cómo me divertí con la presentación del libro, qué simpáticos son mis amigos), se presentó el libro 43+1, mi compadre ya publicó los otros tres textos, no he dejado ni dejaré esta columna, me programaron un montón de cursos que impartí, mi amigo Rudy llegó a decirme que ya me había pagado otro año de blog (que también pensaba cerrar) y mis amigos de La Puerta Abierta, además, me pidieron que escribiera una nueva obra de teatro para que la estrenaran en el VI Festival Internacional de Teatro Independiente Otra Latitud, que se realizó en Tuxtla del 24 al 29 de agosto de 2015.
Pensé en que mejor la escribieran ellos y les di un curso al vapor de dramaturgia, de donde salieron los personajes y la trama. Era difícil que los siete trabajaran en un texto único, de modo que con las ideas suyas y las mías escribí con rapidez, y espero que con eficacia, Dormir, tal vez soñar, que se estrenó el sábado 29 de agosto, en La Puerta Abierta. La escritura y el montaje merecieron el apoyo del Instituto Nacional de Bellas Artes y con ello, la obra hizo temporada en el D. F. (más de veinte funciones) y participó en otro festival nacional.
Ya puesto en ese camino, y a petición de mis amigas Maru e Hilda, escribí otra obra de teatro (Sexo explícito se llama) con la que tal vez vuelva a las tablas como actor (de eso, también, según yo solito, me había despedido).
Para entregarme sin ambages, como dice conocido poema popular, a lo contrario de lo que había decidido, dadas las condiciones que se fueron dando, he decidido publicar, por la vía de la total independencia, seis novelas mías (cinco inéditas y una reedición; mis amigos René Morales, Damaris Disner Juventino Sánchez y Luis Daniel Pulido, editores de libros míos, me han enseñado el camino) que iré presentando conforme se vayan publicando; es decir, que de mi decisión de ya no escribir ni publicar, he cambiado a la incesante escritura, a la incesante publicación. Es decir, a lo de siempre. Así soy de caprichoso.

Visita mi blog: hectorcortesm.com



martes, 22 de diciembre de 2015

MÁS ANDERSEN



Por Héctor Cortés Mandujano

Sigo con las citas a las Obras selectas de Hans Christian Andersen, que inicié la semana pasada. “La hija del rey de la Ciénega” es una larga y maravillosa historia, no apta para niños. Se cuenta, por ejemplo, que en el palacio del vikingo (p. 302) “se encendió el fuego y se degollaron caballos. El entusiasmo se desbordaba por todas partes. El sacerdote que realizó el sacrificio vertió la sangre caliente de los caballos sobre los esclavos, según el rito iniciático”.
            A los animales, en el mismo cuento, también gusta el sacrificio (p. 305): “La cigüeñas jóvenes marchaban silenciosamente por entre los juncos, observaban de reojo a las demás, hacían amistades y engullían ranas a cada tres pasos, o bien circulaban con una víbora pendiente del pico, porque creían que eso era elegante, además de bueno”.
            Helga, quien quiere degollar a un hombre (p. 311): “Afiló  su cuchillo, y cuando uno de los grandes perros feroces, de los que había una jauría en la mansión, saltó a sus pies, le hundió el cuchillo en un costado”.
            El avestruz, cuentan en este mismo cuento, hubo un tiempo que tenía grandes alas, pero nunca decía, cuando quería ir de un lado a otro, “Si Dios quiere”; por eso, una vez que volaba (p. 325), “el ángel vengador descorrió el velo que cubre al astro en llamas y, en un instante, las alas del avestruz quedaron calcinadas y cayó pesadamente al suelo. […] A nosotros, los hombres, nos recuerda que en cada uno de nuestros actos hemos de decir siempre: ‘¡Si Dios quiere!’ ”
En “Bajo el sauce” un vendedor cuenta a dos niños una historia sobre dos panes que tenían formas humanas; la mujer era un pan de especias y el hombre tenía una almendra amarga en el corazón. La mujer de pan esperaba que el hombre le confesara su amor, pero (p. 356) “él, como todos los hombres, tenía en su mente un pensamiento más voraz. Soñó que era un golfillo de la calle, de carne y hueso; que poseía cuatro skinllings y que compraba a la dama y se la comía”.
De “Pedro, el afortunado” es esta idea (p. 434): “Haz todo lo posible por tener esto presente: todo lo que ocurre en el mundo sucede porque es lo mejor para nosotros”.
A “La sirenita”, cuya historia es muy distinta a la versión de Disney en cine, le explican (p. 505): “Nosotros podemos vivir trescientos años, pero cuando dejamos de existir, nos transformamos en espuma bajo el agua. No tenemos alma inmortal, no tenemos otra vida. […] Los mortales, en cambio, tienen un alma que vive eternamente una vez que el cuerpo se ha transformado en polvo. Asciende por el aire hasta las brillantes estrellas”.
Leer a Andersen es una delicia.

***

Por mucho trabajo, decidí en lo sucesivo reducir esta serie de columnas a una cuartilla. Te será más leve, lector, lectora. Gracias por leerme. Un abrazo.

Visita mi blog: hectorcortesm.com