
Por Luis Daniel Pulido
En Chiapas es casi obligación platicar con sus jóvenes zapatistas, muchachos que te cuentan historias y las resuelven como si escribieran novelas policíacas donde todos los casos dependen de sus pequeños cuadros de gloria.
Todos, menos ellos, somos culpables de la “criminalidad” con la que se trata a los indígenas cada vez que te fumas un Camel o te bebes una Coca-Cola.
En aras de ser convincentes recitan odas al proletariado y publican manifiestos, y aunque te los encuentres en una cafetería su mirada es la de un ratón que te ve con desconfianza porque, seguro, en algún lugar escondes alguna cámara o un micrófono que los delatará con el“enemigo”.
Compadres de “la solidaridad más solidaria” escriben poesía, y nada más no se muera uno de sus ilustres integrantes porque el “martirismo” hace todo un discurso libertario desde esa especie de tecnocracia campesina, aún cuando lo que los haya matado sea una maldita apendicitis.
Todos, menos ellos, somos culpables de la “criminalidad” con la que se trata a los indígenas cada vez que te fumas un Camel o te bebes una Coca-Cola.
En aras de ser convincentes recitan odas al proletariado y publican manifiestos, y aunque te los encuentres en una cafetería su mirada es la de un ratón que te ve con desconfianza porque, seguro, en algún lugar escondes alguna cámara o un micrófono que los delatará con el“enemigo”.
Compadres de “la solidaridad más solidaria” escriben poesía, y nada más no se muera uno de sus ilustres integrantes porque el “martirismo” hace todo un discurso libertario desde esa especie de tecnocracia campesina, aún cuando lo que los haya matado sea una maldita apendicitis.





