
Por Luis Daniel Pulido
Los homenajes son pausas, es un escenario noble, mas si se hacen cuando el autor está vivo. Ya habrá quien hable de los poemas, yo hablaré del maestro Adolfo Ruiseñor como un historiador poético que a contracorriente se renueva, y eso lo sé por las lecturas de memoria de casi todos los poemas de este libro que hiciera mi amigo Rodolfo Girón en esos encuentros alegres, dicharacheros, fortuitos.
Claro que he escuchado del libro en otros jóvenes, estudiantes de eso que llaman Letras Hispánicas, la Colonia de oro y seda, la palabra como dictadura del elogio. Sin embargo la reedición que hace René es acertada, la desatornilla –por decirlo de una manera menos académica– del común denominador del poeta como generador de símbolos, y la acerca más a la visión de los soñadores que a la de los rescatistas de la tradición literaria. Que sin duda es también importante, pero hacerlo como diseminador de virus poéticos ultrarrecontagiosos, le da un giro que sólo pueden hacer las máquinas del tiempo. René les llama dúplex, yo caleidoscopios donde el libro está en manos y ojos de otro público, sin olvidar el que ya ha forjado a través del tiempo.
Y es que Adolfo Ruiseñor nunca ha estado lejos de su público lector, prueba de ello es esta reedición, y porque no sólo escribe poesía, se mueve en otras áreas, siempre junto con su hermano Manolo, y son avasalladores en la disección social, política, filosófica, literaria, en el dominó y no dudo, que alguna vez, hasta en las canicas. Generosos, ambos, debo decir, a pesar de no verlos desde hace un buen tiempo.
Pero volvamos al libro y el homenaje de un poeta grande y de una poesía alejada de adornos y presupuestos puritanos. Yo, lector desobligado, nunca dueño de mis sueños, me permito con estas breves palabras invitar a que leamos este libro y escuchemos con placer y atención al autor que quizá coincida conmigo o no, seguimos siendo jóvenes porque los buenos poemas, como los viejos roqueros, nunca mueren. Se nos puede caer el cabello, no correr en la maratón de Nueva York, pero esos son sólo perjuicios de quienes no escriben buenos libros y no tienen fans bonitas e inteligentes como las que veo en este homenaje. Yo, vaya que he disfrutado el libro, a mi manera, claro: con un poquito de rock y la admiración que merece el maestro Adolfo Ruiseñor y mis amigos René Morales, Fernando Trejo y Ameth Rivera.
Gracias
*Texto leído en el homenaje y presentación de la reedición de Memoria de los días de Adolfo Ruiseñor por la editorial Public pervert de René Morales, en el Shiva café
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