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jueves 29 de diciembre de 2011

TODOS SOMOS POP









Por Luis Daniel Pulido




Todos somos pop. Escribimos poemas pop, noticias pop, negocios en formatos pop, revistas que hacen accesibles los contenidos y por ello son pop también.


El psicoanálisis es pop, las onegés son pop, el poeta es aún más pop, el Google es pop, el twitter es pop, los mil 650 millones de zapatistas (no importa la nacionalidad) son pop.


El pop respeta las buenas ideas, nos interconecta, nos da la mano, aprovecha –de verdad– nuestros tiempos libres y nos vuelve críticos, duros críticos del sistema, hasta damos prestaciones y facilidades.


Las feministas chiapanecas son pop, las reinas del pop; los diseñadores gráficos, esos travestidos de las ideas, son pop; los trovadores locales son pop y analfabetas y dan vergüenza o ternura, depende del estado de ánimo de míster Evelyn Waugh; los escritores de Tierra Adentro son pop, escriben novelas que nos remiten a la vieja serie del Rock en tu idioma (ves a los nuevos Miguel Mateos, Enanitos Verdes, Cafés Tacubas, Amantes de Lola, Manás, el Tri de México)


Este manifiesto es pop, lo escribo desde el confort de un Sanborns y Sanborns es pop. Yo soy pop. Me cojo sólo a rubias que hablan de Belinda o “Luismi”. El sub comandante Marcos es pop, aunque no haya escrito un nuevo disco, perdón, manifiesto.


Chiapas es pop a pesar de que tenga inoculada la pobreza. La pobreza es pop, genera artesanas, postales para los pueblos vascos, fundaciones, redentores, fotógrafos, documentalistas, antropófagos (analogía de antropólogos) wallpapers de cochinita.


El pop te permite construir y derrumbar edificios, martillar y hacerlos pedazos con tus miles de followers; que sepan que tienen el peso de la legua y no el de un pinche letrero.


Y es que esa es la importancia del pop, que la dignidad y el orgullo nos den ese especial brillo que tienen las estrellas del pop y que el gobierno –ese mal padre escénico– no te robe el báculo, la barba y la boina.


Igual le inyectas colágeno a tu lucha social, a tus lágrimas cuando muere una ballena en Japón o Noruega, o cobras por cada fe de erratas o porque la libertad de expresión te hace muy sensible y el “feis” te da la oportunidad –en ciclos más cortos– que olvides lo que escribiste apenas ayer. Ya mañana saldrá tu otro yo (que es el mismo pero medio revolcadito) a gritar –¡Ha muerto una ballena y un indito en el vientre de su pobre madre pero nacerán de nuevo, pendejos! –al mismo tiempo que te desayunas una rica ensalada.


Ah, se me olvidaba: beber vino tinto a las siete de la noche es también pop. Y yo lo estoy haciendo en estos momentos, chérie.


Te quiero (Uf, esto es pop en consecuencia)


Qué pop nos vemos







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